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Crónica “Asesinos por casualidad”

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Patricia llegó a su domicilio, ubicado en una de las mejores zonas de la región, “a según” donde convergen médicos, arquitectos, licenciados, pura gente “letrada”.

Se estacionó frente a la casa del vecino de la casa numero 16, porque su entrada estaba obstruida por el auto de otro vecino, furica recordó que los vecinos se encontraban en junta, por tal motivo todo mundo tenía sus autos estacionados donde no debían.

La suerte estaba echada, esa llegada marcaría un parte aguas en la vida de esa tan hermosa morada, al apagar el motor del carro, se acercaron a su automóvil, dos sujetos uno en cada puerta.

Uno de ellos apuntando con una pistola directo a su rostro, mientras Paty alcanzo a ver al otro sujeto que intentaba abrir la puerta del copiloto, pero el verdadero susto lo llevo cuando vio la pistola en su rostro aún detrás del vidrio.

Su primera reacción fue entrar en pánico absoluto, bloqueando de su mente cualquier autodefensa, pero utilizó el poder más grande que tiene el ser humano, “la voz” y fue justo la que salió de su boca.

Con tremendo grito ensordecedor, casi rompe vidrios, el sujeto de chaqueta azul marino, gorra blanca y pantalón de mezclilla , pego tremendo brinco hacia atrás, para dar paso a la ola de vecinos que salieron de todas las casas, activando la alarma vecinal.

Todos desde la casa 1 hasta la 43, armados con piedras, palos, botes, bats y un sinfín de objetos, Raúl un vecino profesor de artes marciales e instructor de defensa personal, logro de inmediato despojar al ladrón del arma.

El otro sujeto de playera amarilla, pantalón negro de no más de 20 años de edad, fue puesto bajo suelo de manera inmediata.

Mientras la pobre de Paty seguía gritando desesperada, bloqueada, triste, llorona y sin poder abrir el auto, atrapada en la desesperación.

Allá estaban los sujetos recordando en cada golpe cada uno de los malos actos de su vida, escuchando en cada patada una mentada de madre, en cada golpe un insulto por errar el camino, en cada guantazo el odio de sus verdugos que alguna vez fueron sus víctimas y en el último suspiro implorar perdón y ver el rostro de su madre.

Casí sin vida, fueron amarrados, mientras que la máxima autoridad venia en camino, para dar fe que en Ecatepec se aplica la ley de “ojo por ojo, diente por diente”. Que en pleno siglo XXI aquí se hace justicia por propia mano.

Llego la patrulla, con dos oficiales, los cuales ayudaron para dos cosas, para nada y para nada.

-señores, lo que han hecho es lo que estos cabrones se buscaron, lo siento pero no me los puedo llevar detenidos, porque no hay delito que perseguir, estos sujetos no robaron nada.

-Oficial, no nos diga eso, ¿entonces no se los va llevar?, ya nada más falta que nos detengan a nosotros

-Miré señores si me los llevo, en el Ministerio publico tendrían que poner la denuncia por intento de robo y con eso alcanza una mínima fianza

-Lo que si les digo es que tampoco haremos nada en su contra, ustedes dicen que hacemos y nosotros los apoyamos

Allá van 5 Vecinos en la camioneta de Fernando, con dos cuerpos casí sin vida, cobrando la justicia de más de un millón de sufrimientos que ocasionaron a una sociedad que demanda paz, justicia y seguridad.

Mientras los adolescentes se debatían entre la vida y la muerte, la camioneta llena de sangre por todos lados, los “letrados” pensaban en donde los dejarían, y allá por alguna de las distintas salidas de la ciudad, donde Dios a veces parece no andar.

Ahí estaban estos profesionistas jugándose también la vida, actuando como el crimen organizado, dejando los cuerpos casi inertes y desangrados por los golpes, abandonados, y amarrados a la suerte.

Quizá hoy ya estén muertos, los vecinos prefieren pensar eso, pensar que nunca más volverán a su casa, que el miedo nunca más se apoderará de sus cuerpos y que la ira se fue junto con esos dos jóvenes.

Y ahora, quién pagará esas noches de cada uno de esos vecinos que mientras cierran sus ojos, ven en cada momento esos rostros tristes, llorones y desgarrados de esos seres que también son humanos.

Quién pagará a Paty su esquizofrenia ocasionada por el susto, que no ha podido ir a trabajar en 3 semanas, que estuvo 3 días en el hospital sedada, porque cada que despertaba comenzaba a gritar.

Quién pagará el trauma de aquél pequeño de tan solo 8 años que vio como su padre, atrapado en la irá descuartizaba a palazos a un joven de la edad de su hermano.

En la escuela me enseñaron que Sociedad y Gobierno trabajan de la mano y no que el Gobierno y el crimen organizado trabajan contra la sociedad, por ello es que la gente ya está desesperada, si la Autoridad no los va proteger, ellos lo harán.

Pero, ¿y nuestra voz? Cuándo la vamos a elevar, cuándo haremos ser escuchados, es momento de actuar, no de convertirnos en asesinos por casualidad.

¡Hoy me dueles más que nunca México!

Nos leímos chata!

Por:  Galleta Parra

galletaa06@gmail.com

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